Después de que el Capítulo 2 afirmara que la conciencia y la materia son uno, el Capítulo 3 busca una respuesta a la pregunta: ¿cómo está estructurada esa realidad unificada?
Extraído del libro “EL UNIVERSO MÁS ALLÁ DEL BIG BANG”, este capítulo nos llevará al extraño mundo de la física cuántica, explorando conceptos como el ‘Orden Implicado’ de David Bohm y la evidencia impactante del ‘entrelazamiento cuántico’. Este es el puente que conecta la ciencia pionera y la sabiduría antigua, mostrando que podrían estar describiendo la misma verdad.
Le invitamos a leer el contenido completo del Capítulo 3 a continuación.
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Autor: Aiden Lee, Fundador de THE LIVES MEDIA
Capítulo 3: EL ORDEN IMPLICADO Y EL UNIVERSO CUÁNTICO
1. El Mundo Manifiesto y el Flujo Fundamental de David Bohm
Nuestro viaje en el capítulo anterior nos llevó a una conclusión fundamental, confirmada tanto por la filosofía como por la sabiduría de la cultivación: la Conciencia y la Materia no son dos entidades separadas, sino dos manifestaciones de una única esencia. Esta es una idea que puede parecer extraña a la cosmovisión materialista común. Pero lo asombroso es que, en el corazón mismo de la ciencia considerada más «dura» y objetiva –la física–, también ha habido pensadores pioneros que llegaron a una conclusión similar, solo que por un camino completamente diferente.
Uno de ellos fue David Bohm, un brillante físico teórico estadounidense y uno de los estudiantes más destacados de Albert Einstein. Bohm no estaba satisfecho con las interpretaciones estándar de la mecánica cuántica, que estaban plagadas de paradojas y una aleatoriedad incomprensible. Creía que el caos y la discontinuidad que vemos a nivel cuántico eran solo la superficie de una realidad mucho más profunda y ordenada. A partir de ahí, desarrolló uno de los modelos del universo más bellos y profundos jamás propuestos.
Bohm postuló que la realidad existe en dos niveles: el «Orden Explicado» y el «Orden Implicado».

El Orden Explicado es el mundo que experimentamos a diario. Es el mundo de los objetos separados, con posiciones claras en el espacio y el tiempo. La mesa está aquí, la silla allá. La manzana cae al suelo por la gravedad. Todo parece separado, funcionando según leyes de causa y efecto lineales. Este es el mundo que la física clásica describe perfectamente, y también el mundo que nuestros sentidos perciben.
Pero según Bohm, este orden es solo una ilusión, una manifestación externa. Su fundamento es una realidad más profunda y completa, llamada el Orden Implicado. Este es un nivel de realidad de totalidad indivisa, donde las cosas ya no son «partes» separadas, sino que están «envueltas» (enfolded) unas en otras en un flujo continuo. En el Orden Implicado, no hay separación entre partículas, entre espacio y tiempo, entre el observador y lo observado. Todo es uno.
Para ayudarnos a visualizar este concepto abstracto, Bohm propuso un experimento mental único, basado en un fenómeno real de la física de fluidos. Imagina un cilindro de vidrio transparente lleno de un líquido muy viscoso como la glicerina. Dentro de ese cilindro hay otro cilindro más pequeño que puede girar. Dejamos caer una gota de tinta negra en el líquido. Inicialmente, la gota de tinta es una entidad separada y clara; está en el Orden Explicado.
Ahora, comenzamos a girar muy lentamente el cilindro interior. La gota de tinta se estirará en un hilo largo, luego se disolverá gradualmente y parecerá desaparecer por completo en el líquido. Ahora, el orden de la gota de tinta ya no es visible; ha sido «envuelto», «ocultado» dentro de toda la masa de glicerina. Ha pasado al Orden Implicado.
A primera vista, esto puede parecer más un truco de magia que física. ¿Cómo puede algo que se ha disuelto volver a unirse? La clave está en que, debido a que el líquido es muy viscoso y el movimiento es muy lento, su flujo es laminar, un estado en el que las capas de líquido se deslizan unas sobre otras de manera ordenada en lugar de mezclarse caóticamente. En estas condiciones, la gota de tinta no se «mezcla» al azar, sino que se «estira» a lo largo de trayectorias predecibles. Su orden solo se dispersa, no se destruye.
Y precisamente porque este proceso es reversible, ocurre algo milagroso cuando giramos el cilindro en la dirección opuesta a la misma velocidad. Desde el líquido transparente, el hilo de tinta comienza a aparecer, luego se contrae gradualmente y, finalmente, la gota de tinta se reúne milagrosamente en su posición original.
La gota de tinta nunca desapareció. Su orden simplemente estaba oculto dentro de un orden mayor.
Según Bohm, todo nuestro universo funciona de esta manera. El mundo que experimentamos, con sus galaxias, estrellas y personas separadas, es solo un «Orden Explicado» que se «despliega» desde un «Orden Implicado» mucho más profundo, donde todas las cosas son una. Es como las olas que surgen de un océano infinito, y nosotros, al ver solo las olas, las confundimos con entidades separadas, olvidando que todas son manifestaciones del mismo y único océano.
2. El Universo Holográfico: Cuando el Todo Reside en Cada Fragmento
El modelo de David Bohm de una realidad fundamental, completa e interconectada es una idea increíblemente hermosa, pero también muy difícil de imaginar. ¿Cómo puede el universo entero estar «envuelto» en cada una de sus partes? Afortunadamente, un invento del siglo XX proporciona una metáfora física casi perfecta para este concepto: el holograma.
La mayoría de nosotros hemos visto un holograma. Es una imagen tridimensional que parece flotar en el espacio, creada a partir de una película plana bidimensional. Puedes caminar a su alrededor y ver diferentes ángulos del objeto, como si realmente estuviera allí. Esta magia se crea proyectando un rayo láser a través de una película especial, en la que no se ha grabado la imagen del objeto, sino los complejos patrones de interferencia de las ondas de luz reflejadas por el objeto.
Pero lo más milagroso y extraordinario de un holograma reside en otra propiedad. Si tomas una fotografía normal y la rompes en diez pedazos, cada pedazo contendrá solo 1/10 de la imagen original. Tendrás un trozo con el ojo, otro con la sonrisa, otro con el pelo. No puedes reconstruir la cara completa a partir de un solo fragmento.
Pero si tomas la película holográfica y la rompes en diez pedazos, sucede algo impensable. Cuando proyectas el rayo láser a través de cualquier fragmento, por pequeño que sea, no reconstruirá solo 1/10 de la imagen. Reconstruirá la imagen original completa.
El caballo entero, la flor entera, el rostro entero aparecerá desde el fragmento más pequeño. Por supuesto, la imagen será más tenue, con menor resolución que la creada a partir de la película completa, pero la esencia permanece: la información del todo está codificada en cada parte.
Este es precisamente el punto donde David Bohm vio un paralelismo perfecto con su modelo del universo. Lo llamó el «Universo Holográfico».
Los complejos patrones de interferencia grabados en la película bidimensional, donde la información de toda la imagen se dispersa y «envuelve» de forma invisible, son la imagen del Orden Implicado.
La imagen tridimensional clara y concreta que aparece cuando la luz la ilumina es la imagen del Orden Explicado: el mundo material que experimentamos.
Según este modelo, el universo no está hecho de «ladrillos» fundamentales que construyen un edificio. En cambio, es como un holograma gigante, donde cada «ladrillo» –cada átomo, cada célula, cada ser vivo– contiene, de alguna manera, la información de todo el «edificio». «Como es arriba, es abajo» deja de ser una frase filosófica para convertirse en una posible descripción de la estructura física profunda de la realidad.
Esto lleva a una consecuencia asombrosa: cada uno de nosotros, cada entidad en este universo, no somos individuos aislados y separados. Somos «fragmentos» que contienen la imagen del todo. Cada uno de nosotros es un espejo que refleja el universo.
Pero, ¿es esto solo una hermosa metáfora filosófica, una coincidencia? ¿O el universo mismo, en su nivel más fundamental, opera según estos principios holográficos? Para responder a esa pregunta, debemos adentrarnos en el extraño mundo de la física cuántica, donde estas ideas aparentemente descabelladas encuentran la evidencia experimental más sorprendente.
3. «Acción Fantasmal a Distancia»: Evidencia de una Realidad Unificada
El modelo del Universo Holográfico, donde cada parte contiene el todo, suena más a filosofía que a física. Pero cuando nos adentramos en el mundo subatómico, el mundo de las partículas elementales, descubrimos que el universo no solo opera de esta manera metafóricamente, sino de una forma muy real y medible. La evidencia más clara proviene de uno de los fenómenos más misteriosos e impactantes de toda la historia de la ciencia: el entrelazamiento cuántico.
Imagina que tienes un par de guantes. Metes cada uno en una caja separada, las barajas y no sabes qué caja contiene el izquierdo y cuál el derecho. Luego, te quedas con una caja y envías la otra a un amigo al otro lado de la Tierra. Cuando abres tu caja y ves que es el guante izquierdo, sabes instantánea y certeramente que tu amigo tiene el guante derecho. No hay ningún misterio aquí. La información estaba determinada desde el principio, simplemente no la conocíamos hasta que observamos.
Pero en el mundo cuántico, las cosas suceden de una manera impensable.
Los físicos pueden crear un par de partículas (por ejemplo, dos fotones) a partir del mismo evento, haciendo que tengan una conexión intrínseca. Al igual que el par de guantes, tienen propiedades opuestas, como el «espín» (una forma de momento angular intrínseco de la partícula, que podemos imaginar como la dirección de su rotación). Si una partícula tiene espín «hacia arriba», la otra debe tener obligatoriamente espín «hacia abajo».
La diferencia fundamental y extraña es esta: según las leyes de la mecánica cuántica, antes de ser medida, cada partícula no tiene realmente un espín definido. Existe en un estado «borroso», una superposición de ambas posibilidades, «arriba» y «abajo», al mismo tiempo. El «guante cuántico» no es «izquierdo» o «derecho»; es «izquierdo y derecho» simultáneamente.
Ahora, repitamos el experimento. Separamos estas dos partículas entrelazadas y las llevamos a extremos opuestos de una galaxia, a miles de años luz de distancia. Luego, un científico en un extremo mide la partícula A. Supongamos que, en el instante de la medición, la partícula A «elige» aleatoriamente el estado de espín «hacia arriba». Lo increíble sucede: en el otro extremo de la galaxia, la partícula B, instantáneamente, en el mismo momento, adoptará el estado de espín «hacia abajo».
Este cambio ocurre de forma instantánea, sin retraso temporal, aparentemente más rápido que la velocidad de la luz. ¿Cómo «sabe» la partícula B que su gemela, a miles de años luz de distancia, acaba de ser medida y ha elegido el espín «hacia arriba»? Ninguna señal puede viajar tan rápido según la teoría de la relatividad de Einstein. Es por esta extrañeza que Einstein, que nunca aceptó del todo la mecánica cuántica, la llamó burlonamente «acción fantasmal a distancia».
Durante décadas, los científicos debatieron esto. Pero desde los revolucionarios experimentos de Alain Aspect en la década de 1980 y los experimentos posteriores con una precisión cada vez mayor, el entrelazamiento cuántico se ha demostrado como un fenómeno real.
Este fenómeno solo puede explicarse de una manera: esas dos partículas, por muy distantes que estén físicamente, no son dos entidades separadas. Siguen siendo parte de un único sistema indivisible. La separación espacial que vemos en el «Orden Explicado» es solo una ilusión. En un nivel más profundo de la realidad –el «Orden Implicado» de Bohm– nunca se separaron.
El entrelazamiento cuántico ya no es una idea filosófica. Es la evidencia experimental más sólida de que el universo, en su nivel más fundamental, no es una colección de partes discretas, sino una red interconectada, no local y total. Es la manifestación física de la «Única Sustancia» de la que hablaban los sabios, un testimonio vivo de un universo holográfico.
4. Cuando la Observación Cambia la Realidad
Si el entrelazamiento cuántico ha demostrado una conexión invisible entre partículas, hay otro fenómeno que va aún más lejos: sugiere una conexión entre nuestra propia conciencia y el mundo material que observamos. Es el «Efecto del Observador», uno de los aspectos más desconcertantes y malinterpretados de la física cuántica.
Para entenderlo, debemos volver al experimento más famoso en este campo: el experimento de la doble rendija.
Imagina que disparas pequeñas canicas hacia una pared con dos rendijas paralelas. Las canicas que pasen por cada rendija golpearán la pared de detrás, formando dos líneas correspondientes. Esto es simple y fácil de entender.
Ahora, reemplaza las canicas con ondas de agua. Cuando las ondas pasan por las dos rendijas, interferirán entre sí, creando picos de onda más altos y zonas de calma. En la pared de detrás, verás una imagen completamente diferente: una serie de franjas claras y oscuras alternas, llamadas patrón de interferencia. Este es el comportamiento característico de las ondas.
Lo extraño comienza cuando realizamos este experimento con las entidades del mundo cuántico, como los electrones. Se supone que los electrones son «partículas» de materia. Por lo tanto, se esperaba que al dispararlos uno por uno a través de las dos rendijas, se comportarían como canicas y crearían dos líneas. Pero el resultado fue impactante: aunque se dispararon uno por uno, los electrones crearon un patrón de interferencia, exactamente como las ondas.
Parece que cada electrón, de alguna manera, pasó por ambas rendijas al mismo tiempo e interfirió consigo mismo. Este es el estado de «superposición» que mencionamos, donde una partícula puede existir en múltiples estados o posiciones a la vez.
Pero la parte más alucinante está por llegar. Los científicos, demasiado curiosos por saber por qué rendija «realmente» pasaba el electrón, decidieron colocar un detector en las rendijas para «espiar». Y en el momento en que lo hicieron, la magia desapareció.
En el instante en que se produjo el acto de «observación» o «medición», el patrón de interferencia se desvaneció. Los electrones dejaron de comportarse como ondas y comenzaron a comportarse como canicas normales, creando solo dos líneas en la pared de detrás. Parecía que los electrones sabían que estaban siendo observados y «decidieron» elegir un único camino. El estado «borroso» de la onda «colapsó» en un estado «real» de partícula.
Durante años, se pensó que este colapso se debía a la interacción física del detector con el electrón. Pero experimentos posteriores, cada vez más sofisticados, demostraron que con solo que la «información» sobre el camino del electrón pudiera ser registrada, incluso sin interacción física directa, el efecto seguía ocurriendo.
¿Qué significa esto? Sugiere que el acto de observar –un acto que solemos considerar pasivo, que simplemente registra una realidad preexistente– parece jugar un papel activo en la creación de esa misma realidad. El mundo cuántico no parece existir en un estado definido hasta que interactuamos con él, hasta que lo observamos. Antes de eso, es solo un mar de posibilidades.
Este es el punto donde la ciencia roza la filosofía. ¿Qué es en esencia el acto de «observar»? ¿Tiene que ser necesariamente una máquina, o se origina en la conciencia del experimentador? ¿Es el acto mismo de la conciencia, el acto de «querer saber», lo que obliga al universo a dar una respuesta definitiva, a abandonar su estado potencial para convertirse en una realidad concreta?
Cualquiera que sea la interpretación final, el Efecto del Observador rompe la clara división entre sujeto y objeto, entre el observador y lo observado. Muestra que no somos espectadores viendo una obra cósmica ya escrita. Parecemos ser los actores, y cada uno de nuestros actos de «mirar» está ayudando a escribir el guion de la siguiente escena.
5. El Puente entre la Sabiduría y la Ciencia
Ahora, demos un paso atrás y observemos el cuadro completo que hemos pintado en este capítulo.
Comenzamos con el modelo del Orden Implicado y el Orden Explicado de David Bohm, un modelo puramente físico que, sin embargo, describe una realidad fundamental completa e indivisible. Vimos este modelo reflejado perfectamente en la metáfora del holograma, donde cada parte contiene la información del todo.
Luego, pasamos a la evidencia experimental. El entrelazamiento cuántico demostró que las partículas, por muy distantes que estén, siguen siendo parte de un único sistema inseparable, una prueba de la no localidad y la unificación. El Efecto del Observador fue aún más lejos, sugiriendo que el acto mismo de la conciencia parece ser una parte integral de ese sistema, desempeñando un papel en la transformación del potencial en realidad.
Cuando unimos todas estas piezas, ¿qué vemos?
Vemos una física de vanguardia que, después de un siglo de profundizar en la naturaleza de la materia, ha llegado a una conclusión asombrosa: el mundo manifiesto de objetos separados es solo la superficie de una realidad más profunda, una realidad interconectada, completa, y en la cual la conciencia ya no parece ser una extraña.
Y entonces, nos damos cuenta de que los físicos cuánticos más brillantes, con sus complejas ecuaciones y sofisticados experimentos, parecen estar simplemente redescubriendo una verdad que los antiguos sabios realizaron hace miles de años.
¿Es el «Orden Implicado» de David Bohm esencialmente diferente de la «Única Sustancia» de Spinoza o el «Tao» de Lao-Tse? ¿No son acaso solo diferentes lenguajes, diferentes caminos, para describir el mismo océano fundamental del cual emergen todas las olas de la realidad manifiesta?
La ciencia moderna, en su esfuerzo por comprender el mundo «exterior», parece haber dibujado sin querer un mapa que conduce de vuelta al mundo «interior». Ha construido un puente sólido sobre el abismo aparentemente insalvable entre la materia y el espíritu, entre la ciencia y la sabiduría.
Este puente es la base para nuestro próximo paso. Con la confianza de que no vamos en contra de la ciencia, sino junto a sus aspectos más profundos, comenzaremos a explorar «mapas de la realidad» más detallados, formas de describir el universo basadas no solo en la estructura, sino también en el flujo de energía y la transformación.
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Este artículo es un extracto del libro “EL UNIVERSO MÁS ALLÁ DEL BIG BANG” – un viaje para explorar el origen y el significado profundo del cosmos.
- Continúe leyendo otros capítulos de la misma obra:
- Capítulo 1: LA GRAN PREGUNTA AL MARGEN DE LA CIENCIA – LA RED Y EL SILENCIO DEL OCÉANO
- Capítulo 2: CONCIENCIA Y MATERIA – UNA RELACIÓN BIDIRECCIONAL
- Capítulo 3: EL ORDEN IMPLICADO Y EL UNIVERSO CUÁNTICO
- Capítulo 4: EL MAPA DE LA ESTRUCTURA – LA TABLA PERIÓDICA DE LOS ELEMENTOS
- Capítulo 5: EL MAPA DEL FLUJO – LOS CINCO ELEMENTOS Y LA ENERGÍA
- Capítulo 6: EL MAPA DE LA TRANSFORMACIÓN – LA COSMOVISIÓN DE LA CULTIVACIÓN ESPIRITUAL
- Capítulo 7: EL MAPA MULTIDIMENSIONAL – DE LA TEORÍA DE CUERDAS AL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS
- Capítulo 8: LOS REINOS DE LA EXISTENCIA
- Capítulo 9: LOS SUEÑOS – UN PORTAL A OTRAS REALIDADES
- Capítulo 10: LA INSPIRACIÓN – ECOS DE OTRAS REALIDADES
- Capítulo 11: POSESIÓN – CUANDO LAS CONCIENCIAS LUCHAN POR EL MISMO CUERPO
- Capítulo 12: HABILIDADES EXTRAORDINARIAS – CUANDO LA CONCIENCIA DOBLA LAS LEYES DE LA FÍSICA
- Capítulo 13: VIDA EXTRATERRESTRE: UNA PERSPECTIVA MULTIDIMENSIONAL
- Capítulo 14: EL BIG BANG – ¿UNA BURBUJA REVENTANDO EN EL OCÉANO?!
- Capítulo 15: LA GALAXIA – EL CIRCUITO VIVIENTE DEL UNIVERSO
- Capítulo 16: AGUJEROS NEGROS, MATERIA OSCURA Y ENERGÍA OSCURA – UNA REINTERPRETACIÓN
- Capítulo 17: LA ARQUITECTURA FRACTAL – DEL MICROCOSMOS AL MACROCOSMOS
- Capítulo 18: TRASCENDIENDO EL LÍMITE DE LA OBSERVACIÓN
- Capítulo 19: EL UNIVERSO ES UN ESPEJO – ¿CUÁL ES TU SIGNIFICADO?
- CONCLUSIÓN: ESCUCHANDO LA RESPIRACIÓN DEL UNIVERSO
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